BONDORMORVAN

 Es una locura amar, a menos de que se ame con locura.
Proverbio latino

¿Qué involucra este tipo de amor?  ¿Cuál es su alcance? ¿Sus repercusiones? ¿Su origen?, sería preguntas involucradas en pro de adentrarnos en su contenido, lo que involucra.

Sobre él, como antecedente se dice, este modelo de amor surge de la mano de las transformaciones en la esfera pública y privada que implicó la revolución sexual: la anticoncepción, la aceptación de la homosexualidad, la mejora relativa de la posición de la mujer en la sociedad, y el reconocimiento de la necesidad de lograr una mayor igualdad entre los géneros, la legalización del divorcio, las transformaciones en la familia, entre otras. Estas nuevas ideas necesitaban revisar el modelo de amor romántico que dominaba hasta el momento, en particular, la posición de la mujer dentro de las relaciones de pareja: era necesario democratizarlas.

Se nos agrega, que el amor confluente es un modelo de amor o de relación de pareja que aparece con la revolución sexual a mediados del siglo XX en la cultura occidental. Se define por oposición al amor romántico que era el modelo dominante en ese entonces. El término fue acuñado por el sociólogo británico Anthony Giddens en su libro de 1992, La transformación de la intimidad: sexualidad amor y erotismo en la sociedades modernas. Este autor utiliza el término relación pura, para definir las relaciones que surgen a partir del amor confluente.

Para el sociólogo británico Anthony Giddens, en la sociedad occidental, a partir de mediados del siglo XX, las parejas, al abandonar los ideales del amor romántico, están configurando este  nuevo modelo de amor que llama  amor confluente. Sin embargo, autoras como Wendy Langford en Revolutions of the Heart, critica este tipo de afirmaciones tan generales sobre el triunfo de las relaciones afectivas igualitarias en la sociedad actual.

De mayor interés puede ser la comprensión de los vínculos emocionales a los valores de la sociedad de consumo que entiende al sujeto como capaz de elegir entre diversas opciones o el interés económico que las emociones han ganado en nuestra sociedad. Un peligro actual es la el desarrollo de sustancias farmacéuticas que, como la viagra o la oxitocina, pueden alimentar la idea de que las emociones pueden cambiarse (podemos amar más o sentir más apego, por ejemplo) con balas mágicas, es decir, con nuevos productos farmacéuticos.

Una perspectiva simplificadora de las emociones (y del amor) con reduccionismos que equiparan, de forma ultrasimplista, los comportamientos animales y humanos, pueden hacernos olvidar el gran valor cognitivo de las emociones, la capacidad para generar sociedades más sabias si las emociones se toman como informantes de procesos complejos individuales y cognitivos de los que con frecuencia no tenemos consciencia, es decir, no somos capaces de formular. Otro riesgo inevitable si se medicalizan los sentimientos es que olvidaremos que las emociones (y el amor) son productos del ecosistema humano, y que nunca --por "personal" y "subjetiva" que parezca una emoción-- será un resultado individual, sino que siempre es un producto de la interacción humana con otros humanos o con el medio en general.

Nos agrega Wikipedia, que en  palabras de Giddens: "El modelo de amor confluente implica la existencia de un marco ético para el fomento de una emoción no destructiva en la conducta individual y en la conducta comunitaria. Proporciona la posibilidad de revitalización de lo erótico -no como una habilidad de las mujeres impuras- sino como una cualidad genérica de la sexualidad en las relaciones sociales, formada por las atenciones mutuas y no por un poder desigual. El erotismo es el cultivo del sentimiento, expresado por la sensación corporal, en un contexto de comunicación; un arte de dar y recibir placer. Escindido del poder diferencial, puede hacer revivir las cualidades estéticas de las que habla Marcase.

Se nos agrega, que  para algunos analistas recientes , inciden en que las características más señaladas de este tipo de amor se confirman y difunden a través de relatos literarios, películas, canciones. Se trata de un tipo de afecto que, se presume, ha de ser para toda la vida (te querré siempre), exclusivo (no podré amar a nadie más que a ti), incondicional (te querré por encima de todo) e implica un elevado grado de renuncia (te quiero más que a mi vida).

Pilar Sampedro caracteriza el amor romántico de la siguiente manera: Algunos elementos son prototípicos: inicio súbito (amor a primera vista), sacrificio por el otro, pruebas de amor, fusión con el otro, olvido de la propia vida, expectativas mágicas, como la de encontrar un ser absolutamente complementario (la media naranja), vivir en una simbiosis que se establece cuando los individuos se comportan como si de verdad tuviesen necesidad uno del otro para respirar y moverse, formando así, entre ambos, un todo indisoluble.

Es interesante destacar como lo indica Wikipedia sobre este tipo de amor, que según ciertos analistas modernos este modelo de amor idealizado crearía falsas expectativas y conduciría irremisiblemente a la frustración y el fracaso afectivo, al confundir apego (que es un estado afectivo perdurable) con enamoramiento (que es un proceso previo al apego y de menor duración). Según esta perspectiva de análisis psicosocial, el amor romántico se basaría en la anulación a través de la renuncia de uno mismo, y sería la base, en cierta medida, de la violencia de género. Así, y según estas teorías, aunque originalmente el amor romántico habría supuesto un estímulo para la emancipación femenina, al haber la mujer interiorizado un rol social incompatible con la felicidad terminaría atrapada en una maraña invencible de obligaciones que le dificultaría finalizar la relación o aceptar el duelo que supone la ruptura, debido a presiones de la sociedad, de la familia o de ella misma. Otra cuestión fundamental en este sentido es la educación desigual entre los géneros, de manera que el mundo de los afectos (del cultivo de la intimidad) se plantea en la cultura occidental como parte de las cultura de las mujeres lo cual tiene consecuencias ambivalentes, quizá una de las más perversas sea el sometimiento en las relaciones de pareja heterosexual.

Conclusiones parecidas han sido deducidas desde un análisis antropológico materialista, poniendo de relieve un desfase cultural del concepto de amor romántico. Según estas tesis, este desfase cultural vendría derivado de la no evolución del concepto de amor, frente a enormes divergencias entre el entorno socio cultural en que se apareció (la edad media), y los tiempos contemporáneos.