BONDOMO

No nos sorprende que el gobierno nacional al haberle dado paso a nuevas universidades públicas que ha formado y piensa crea otras más critique el hecho que las Universidades públicas venezolanas siguen ancladas en la democracia representativa. Son instituciones que se niegan a cambios estructurales profundos. Y este hecho se evidencia no sólo en las universidades autónomas sino también en las experimentales. El orden del día es que en todas ellas no ha pasado nada. La universidad debe aprestarse a un proceso de constituyente universitaria que inicie la transformación estructural, académica y política profunda, que revierta la tendencia inercial y cuya orientación principal sea el logro de la equidad, la calidad académica, la democracia participativa y la contraloría social plasmadas en la Constitución Bolivariana.

Sin duda, las universidades venezolanas tanto públicas como privadas requieren de reestructuración si realmente quieren alcanzar la excelencia académica, tanto a nivel de pre y postgrado.

Muchas de las universidades han estado dirigidas por autoridades que son elegidas por los intereses políticos. los grupos de poder que se han enquistado en la universidad y no le han dado paso a una nueva generación más proactiva con otra visión de gerenciar la universidad, de integrarla a las realidades de los problemas y necesidades que el país afronta .

Todo ello ha conllevad,o a que se ancle la universidad en lo que debiera ser su proyección, compromiso, responsabilidad social de proporcionar profesionales que den soluciones a los problemas que se afrontan, que generen los cambios necesarios para ayudar al país salir adelante.

Casi siempre se mantienen las mismas autoridades, los mismos grupos aun de familia, que no han beneficiado para nada la excelencia educativa, atrofiando los cambios que se requieren para garantizar academicismo, investigación, capacitación y desarrollo de profesionales cónsonos a la exigencia de los presentes escenarios.

Es necesario que nuevo liderazgo, autoridades con otra visión más comprometida con Venezuela considere muy en serio lo expresado en el Artículo 27 de la Ley Orgánica de Educación que establece los objetivos de la educación superior:

1. Continuar el proceso de formación integral del hombre (ser humano), formar profesionales y especialistas y promover su actualización y mejoramiento conforme a las necesidades del desarrollo nacional y del progreso científico.

2. Fomentar la investigación de nuevos conocimientos e impulsar el progreso de la ciencia, la tecnología, las letras, las artes y demás manifestaciones creadoras del espíritu en beneficio del bienestar del ser humano, de la sociedad y del desarrollo independiente de la Nación.

3. Difundir los conocimientos para elevar el nivel cultural y ponerlos al servicio de la sociedad y del desarrollo integral del hombre (ser humano).

A todo ello se agrega la calidad de sus docentes en donde la gran mayoría que hoy se desempeñan en ese rol, carecen de experiencia, aval académico, pedagogía afectando seriamente la formación de los profesionales en sus distintas disciplinas.

Son contratados por los compromisos contraídos con la familia, partidos políticos, amistad, apoyados por concursos amañados que les facilita su entrada a un costo educacional serio para el país.

Docentes que no se identifican con la investigación, no se adentran a la realidad de los problemas que el país afronta.

Todo indica, que las autoridades no han considerado para nada las aportaciones de Rogers (1977), que sostiene, que tradicionalmente, el educador es el poseedor de los conocimientos y el estudiante es un recipiente pasivo de los mismos; por lo que también destaca que educación significa poder y control de la información, y que en ella el énfasis es sobre los comportamientos y los contenidos más que sobre los procesos de la relación educativa. Los maestros son percibidos como controladores, la relación es de miedo, la confianza es mínima y no existe un lugar para el ser humano, sólo se destaca la inteligencia o la razón.

Rogers (1977) propone el modelo de relación persona-persona, el cual se desarrolla en un clima de mutua confianza, aceptación y mucha apertura, que facilita el aprendizaje. Desde esta concepción, el estudiante asume responsabilidades en sus procesos y el maestro proporciona recursos y el modelaje desde su propia experiencia. De esta forma, el estudiante desarrolla su programa (solo o en complementación con otros) en disciplinas académicas que se derivan de la interacción estudiante-estudiante y estudiante-contexto, y la evaluación es realizada por el mismo estudiante y por el grupo, mediante procesos de retroalimentación. Todos estos aspectos hacen que el aprendizaje sea más profundo, así como más influyente en las vidas y comportamientos de los educandos

De aquí, que no nos sorprende que se manifieste sobre esto, que la educación actual debe repensar su concepción del conocimiento y los métodos de enseñanza-aprendizaje. La nueva orientación de la educación, más que hacer énfasis sólo en contenidos académicos o en una transmisión rígida de saberes, debe centrarse más en el desarrollo integral del ser humano, en fomentar una formación humana integral, proporcionando la oportunidad de hacer de él una persona capaz, digna, crítica, libre

Es por eso que Fernando Savater señale con insistencia, que la educación es el más humano y más humanizador de los empeños, con lo cual manifiesta la relevancia e importancia social de quienes practican la docencia, que son personas que dignifican y se dignifican en el desarrollo de la función cognitiva del permanente acto educativo: el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Además como afirma Osorio, el propósito de la educación es buscar que cada estudiante abandone las aulas, sintiéndose más digno y satisfecho. La educación como proceso integral debe reforzar el sentido de valoración personal, las capacidades individuales y la definición de contextos integrados, permitiendo nuevas posibilidades en cada quien y la oportunidad de descubrir recursos, alternativas, un mundo propio y personal

No nos sorprende que se diga, que el profesor es un guía que conduce al estudiante por el camino del saber, con la autoridad suficiente que emana de su experiencia, a partir del establecimiento de relaciones afectivas basadas en la aceptación, el respeto mutuo y la comprensión, aspectos que se ha perdido, aunado a la ausencia de conocimientos actualizados de muchos ante la realidad que los escenarios del presente exigen.