LAS REPERCUSIONES DEL NEGOCIO DE LA EDUCACION A DISTANCIA

BONDOMO
Muy difícil ignorar el rol que actualmente la educación a distancia genera en los países, en el sistema educactivo, en su calidad, alcance, repercusiones, más cuando se han dado cuenta que ella es un rentable negocio.
Gabriel Solano, nos relata, que desde hace algunos años, se viene desarrollando en forma creciente en varios países del mundo la denominada "educación a distancia". Como indica su nombre, la novedad consiste en que los alumnos que estudian bajo esta modalidad pueden cursar sus carreras desde su casa, a partir del uso de computadoras, sin necesidad de concurrir a las aulas de las facultades.
Aunque, en apariencia, parezca un proyecto para el futuro, la "educación a distancia" tiene ya en el presente un desarrollo muy importante. En Turquía, hay 580 mil estudiantes a ‘distancia’, 350 mil en Indonesia, 242 mil en la India, 217 mil en Tailandia, 211 mil en Corea, 530 mil en China . También en nuestro país hay ejemplos que muestran este desarrollo. En la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA hay 10.000 estudiantes a ‘distancia’ y, recientemente, la Universidad de Quilmes ha dispuesto que dos carreras se cursen exclusivamente bajo esta modalidad .
Sus defensores han equiparado el surgimiento de la "educación a distancia" con una verdadera revolución en materia educativa, que viene a remover siglos y milenios de estancamiento. Uno de ellos afirma que "ya pasaron 2.500 años desde la época de Sócrates, Platón y Aristóteles. Desde entonces, creamos naves espaciales, biotecnología, ingeniería genética, rayos láser, radioastronomía, matemáticas no-lineales, teoría del caos, satélites, supercomputadoras, TV interactiva e inteligencia artificial. Denominamos a esto progreso. ¿Pero qué sucede con la educación? Dos milenios y medio después, todavía ponemos alumnos en las aulas con una autoridad que les enseña por períodos determinados de tiempo. Avanzamos muy poco desde el paradigma educacional de Sócrates y sus discípulos" .
Esta pomposa definición viene a ocultar la verdadera finalidad de la "educación a distancia". En realidad, ésta se ha convertido en un instrumento de primer orden para desarrollar la privatización de la educación estatal, abriendo la posibilidad de que los grandes capitalistas se apropien del presupuesto destinado a la educación, que sólo en los países pertenecientes a la Ocde se calcula en más de un billón de dóIares anuales. Este mercado, que es codiciado activamente por los capitalistas, abarca en la UE a cuatro millones de docentes, 80 millones de alumnos y estudiantes, 320 mil establecimientos escolares. Pero, como reconoce un importante órgano del imperialismo francés, será necesario, para desarrollar este objetivo, producir el "desmantelamiento de lo principal del servicio público de la enseñanza" .
En 1991, la Comisión Europea señaló que una "Universidad abierta es una empresa industrial y la educación superior a distancia es una industria nueva. Esta empresa debe vender sus productos en el mercado de la enseñanza, regido por las leyes de la oferta y la demanda". Califica a los estudiantes como "clientes" y a los cursos como "productos" susceptibles de ser realizados en el mercado de la educación. Para ser categóricos, en 1994, durante una reunión del G7 dedicada a la "sociedad de la información", se planteó que "la responsabilidad de la formación debe estar, en definitiva, asumida por la industria... La educación debe ser considerada como un servicio devuelto al mundo económico".
Los industriales que han fogoneado estas resoluciones de la Comisión representan a las grandes empresas informáticas europeas (Olivetti, Philips, Siemens, British Telecom, Telefónica). Este sector del gran capital espera beneficiarse con la generalización de la educación a ‘distancia’, que producirá el crecimiento de la venta de materiales y del volumen de las comunicaciones telefónicas y, lo que no es menos importante, las ganancias provenientes de la venta de los derechos de autor y derechos vecinos sobre la comercialización y explotación de los "didacticiels" (5). El conjunto de la estrategia debe desembocar en una "mejor adecuación de la enseñanza a las exigencias de la industria, una reducción de los costos de formación de la empresa y una atomización de los estudiantes y docentes, cuyas turbulencias son siempre temidas".
Las empresas también han visto los beneficios de que sus empleados se formen a ‘distancia’. Por ejemplo, Bosch estimó que los costos de formación de su personal eran elevados y resolvió que el personal se forme a domicilio a través del uso de computadoras personales. Desde 1996, el 20% del personal se forma en su casa durante sus horas de "ocio". Bosch se ahorra así los gastos de formación en la empresa, que ahora corren por cuenta de sus empleados y, además, se aprovecha de toda la jornada laboral.
Definitivamente, tal como lo señala Jorge Padula Perkins, la Educación a Distancia (EAD)es una metodología educativa no presencial, basada en la comunicación pluridireccional mediatizada, que implica amplias posibilidades de participación de estudiantes dispersos, con un alto grado de autonomía de tiempo, espacio y compromiso y la orientación docente, dada en el diseño, en la elección de los medios adecuados para cada caso en virtud de los temas y con consideración de las posibilidades de acceso de los destinatarios a los mismos, y en las tutorías. La mediatización es entonces, sin lugar a dudas, el componente que la singulariza desde su propia naturaleza y denominación, condición que le alcanza tanto en sus formas más tradicionales como la correspondencia, hasta en el uso de las nuevas tecnologías de comunicación.
Allí radica en gran medida su capacidad para democratizar y diseminar la educación tanto formal cuanto no formal. Sus posibilidades de alcanzar a individuos y/o grupos de lugares remotos y a sectores que por limitaciones de tiempo no pueden acceder a la modalidad presencial. En nuestros días, la evolución constante de las tecnologías de la información y la comunicación dinamiza de tal modo las capacidades fácticas de la EAD que, aunque se conserven elementos constitutivos constantes como los que la definen, emergen variaciones de enorme magnitud en cuanto a los alcances reales y posibles.
A ello se agrega lo que R. Aparici aseveraba que las nuevas tecnologías abren inclusive la posibilidad real de una mayor participación del estudiante en la construcción y desarrollo del curriculum.
Sin embargo, el constante crecimiento tecnológico no puede ser considerado al margen de la realidad ni ideológicamente neutral, razón por la cual los principales desafíos previsibles para las instituciones virtuales de EAD son los emergentes de la calidad del uso que de las nuevas tecnologías se haga.
La creciente oferta de Educación a Distancia, como el desarrollo mismo de las nuevas tecnologías aplicables a ella, no aseguran por si mismas una diseminación más pluralista y democrática del conocimiento. Si ella se circunscribe al aprovechamiento comercial de un nicho de mercado conformado por estudiantes con acceso particular garantizado al desarrollo tecnológico y solvencia pecuniaria, será simplemente una de las formas que adopte la globalización económica. Si actúa como factor de imposición cultural homogeneizante y centralizada podrá atribuirse a intereses políticos hegemónicos. Pero si lo hace respondiendo a proyectos democráticos y pluralistas de promoción humana, habrá de constituirse en un factor real para el desarrollo sociocultural de los pueblos. En este sentido. Aparici también preciso en la ocasión citada al advertir que “el uso de las nuevas tecnologías en la educación a distancia no va a desarrollar ninguna relación comunicativa distinta si, previamente, no se definen nuevos paradigmas acerca de las formas de enseñar, de aprender y de comunicar”, y aclaró que el desafío reside en "potenciar el uso racional del medio por parte de los alumnos y no en una fascinación por la tecnología que puede ser perjudicial a corto plazo” y “está en capacidad de acelerar una colonización cultural con contenidos educativos desarrollados al amparo de otras concepciones del mundo...”.
Finalmente considérese lo que nos recuerda Solano, que con la educación a ‘distancia’ se invierten los términos del planteamiento que Marx había hecho sobre la educación, al criticar el Programa de Gotha del Partido Socialista Alemán. Según Marx, mientras la clase obrera debía luchar para que el Estado sostenga a la educación, a la vez, tenía que rechazar que el control ideológico de la enseñanza quedara en manos de éste, ya que, como representante de la clase capitalista, iba a condicionar su sostenimiento al del régimen social burgués. Como puede verse, con la educación a ‘distancia’ los capitalistas refuerzan como nunca su control sobre el proceso de aprendizaje y sobre los contenidos que se dictan, pero el sostenimiento de la educación no corre por cuenta del Estado sino que pasa a manos directas de los trabajadores, es decir, que aumenta la confiscación del salario.
Para los sectores de la población que no puedan pagar sus estudios, los funcionarios de la ‘enseñanza’ les tienen reservada una educación ‘básica’, completamente descalificada. "Se distinguen claramente los fines de los industriales: crear al margen de las redes de enseñanza pública, reducidas a otorgar una educación básica, un vasto sistema privado y comercial de teleenseñanza" . Para los capitalistas, el rol del Estado no es desconocido; su papel "se limita a asegurar el acceso al aprendizaje de los que no constituyen un mercado rentable y de los que su exclusión en la sociedad se acentuará a medida que otros van a continuar progresando". Acá la Ocde expresa claramente lo que no se atrevió a decir la Comisión, "los docentes que sobrevivan se ocuparán de la población no rentable". De esta manera, la educación, lejos del sueño pequeñoburgués que le atribuye la función de niveladora social, se convierte en un instrumento de profundización de las diferencias clasistas de la sociedad.
Insiste Solano en agregar, que
La posibilidad de estudiar a ‘distancia’ crea también la oportunidad del copamiento de los sistemas educativos de las semicolonias por parte de las grandes potencias imperialistas. Un estudiante de nuestro país, por ejemplo, puede elegir entre estudiar, a través de su computadora, en la Universidad de Quilmes o del Comahue, o hacerlo en Harvard o la Sorbona. Así lo reconocen los ‘papers’ de la Comisión: "la posibilidad nueva de proponer programas de enseñanza en otros países, sin que los estudiantes o docentes salgan de sus casas, podría tener gran repercusión sobre la estructura del sistema de enseñanza y formación a escala mundial".
Las transformaciones a las cuales se hace referencia serían el copamiento del mercado educativo por parte del gran capital y tendría, como una de sus consecuencias, la destrucción y el cierre de las universidades y facultades de las semicolonias. El ministro de Educación francés señaló, en 1996, que estaban listos para lanzarse al copamiento del mercado mundial. "Nosotros vamos a vender nuestra habilidad en el extranjero y nos hemos fijado como objetivo la cifra de 2 mil millones de francos en el negocio durante 3 años. Estoy convencido de que se trata del gran mercado del siglo XXI. Un solo ejemplo: un país como Australia gana 7 mil millones de francos gracias a la exportación de sus formaciones" (8).
En el mercado educativo se puede ver el mismo mecanismo que rige la competencia capitalista. El gran capital desplaza al más pequeño, que va a la quiebra mientras el primero se concentra. Por lo tanto, ya no estamos sólo ante una política de privatización, es decir, ante un acuerdo o ante la adquisición por parte del capital privado de una universidad o un centro educativo estatal sino ante la eventualidad de la destrucción del sistema educativo nacional, que desaparecerá, y en su lugar se deberá estudiar a ‘distancia’ los cursos dictados en los países imperialistas. Como el capital busca, para que sea lucrativa su inversión, mercados de escala, se están realizando nuevos estudios para aplicar la "educación a distancia" a la enseñanza primaria y secundaria, "los principales mercados en términos de economías de escala".
Si se desarrolla el "gran negocio del siglo XXI", estaremos ante un retroceso nacional de características históricas, ya que la burguesía nativa perdería el control no sólo del proceso de formación de sus jóvenes sino de todo proceso de investigación científica y de desarrollo tecnológico que permite a un país adquirir un desenvolvimiento autónomo en el mercado mundial. Se agudizaría aún más la división del planeta entre países explotadores, por un lado, que concentrarían la riqueza, la investigación y hasta el monopolio de la cultura y, del otro, los países explotados o semicoloniales, que verían acentuadas la transferencia de riqueza a las metrópolis (para pagar, por ejemplo, un curso a ‘distancia’ a EE.UU. o Francia) y su dependencia tecnológica y productiva
Los mentores de la "educación a distancia" no han podido obviar que para poder copar el mercado educativo mundial es necesario terminar con el monopolio por parte de los estados nacionales del otorgamiento y reconocimiento de los títulos habilitantes. Para sortear este obstáculo, no han elegido el camino de promover un cambio en la legislación de cada país porque esto llevaría años o décadas. Los miembros de la Comisión han optado por la creación de una "tarjeta de acreditación de competencias" que reemplazaría a los actuales títulos emitidos por las Universidades
Desde el mismo momento en que los estudiantes pueden realizar sus estudios en su domicilio, a través de su computadora personal o Internet, los docentes han dejado de existir. Como reconoce un documento de la Ocde del ‘96: "el aprendizaje no debería fundarse sobre la presencia puramente de los docentes sino que debería estar asegurada por prestadores de servicios educativos" (9). Y, como señalamos más arriba, los docentes que ‘sobrevivan’ serán sólo para la población no rentable que no puede acceder a los "prestadores de servicios educativos".
Pero una educación sin docentes, donde el estudiante está aislado de sus pares, es en realidad una no-educación, que se limita a la repetición de los cursos recibidos a distancia, sin posibilidad de una formación crítica ni de confrontar posiciones divergentes. Así lo admite, con sus propias palabras, la Comisión al decir "la educación apunta a aprender, no a recibir una enseñanza... no tenemos tiempo que perder". La educación del hombre pierde, de esta manera, su carácter social, entendiendo como social la cooperación de diversos individuos para un fin determinado. Conclusión: los que prometieron una revolución pedagógica y educativa, que iba a superar la ‘magra herencia’ de los griegos, finalizan realizando un retroceso cultural fenomenal, reforzando las tendencias más reaccionarias de la educación actual como su carácter memorístico y autoritario.
Este profundo retroceso no puede ser encubierto con el llamado de la Comisión a los gobiernos nacionales para que entiendan a la educación como un proceso que debe extenderse desde "la cuna a la tumba", debido a que la velocidad de los cambios que introducen las nuevas tecnologías harían necesario un proceso de adaptación permanente. En realidad, estamos en presencia de una descalificación permanente, que limita el aprendizaje a las necesidades básicas para poder manejar una máquina o una nueva computadora. La "educación a distancia", entonces, implica llevar al plano educacional la desvalorización de la mano de obra que ya se opera en la propia realidad económica capitalista
